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sábado, 4 de septiembre de 2010

jueves, 2 de septiembre de 2010

ISLERO CANTOR

Bellísima canción de Orlando vera Cruz, magníficamente interpretada por Efraín Colombo, una de las nuevas y mejores voces quen ha dado el canto santafecino.



Soy Juan solda’o y soy cantor
desde mi pueblo vengo yo
con este canto que es de amor y herido voy;
soy Juan solda’o o federal
pájaro triste del amor
viene del pueblo mi cantar y herido voy.

Como ese pájaro cantor,
herido el pecho llevo yo
rojo dolor, rojo dolor;
mi canto es monte y soledad
es rio grande Paraná
se va mi vida por cantarte litoral.

Desde la costa vengo yo
con un cantar de la región,
es pampa y rio mi canción, islero soy;
mi Santa Fe me dio su luz
y en este vuelo que emprendí
soy Juan solda’o
para cantarte mi país.

Como ese pájaro cantor,
herido el pecho llevo yo
rojo dolor, rojo dolor;
mi canto es monte y soledad
es rio grande Paraná
se va mi vida por cantarte litoral.




SETIEMBRE DE NOSTALGIAS

(Parte final del poema incluído en mi libro "Estampas de luz" dedicado al viejo colegio nacional y comercial 
de 9 de julio y Belgrano)

Y si una mañana mi viejo colegio,
por esas cosas que tiene el progreso que todo lo arrasa,
tus paredes viejas se vuelven escombros,
un montón de sueños de mi adolescencia, de flores y pájaros,
de llovizna y frío, de risa y silencio, de amores perdidos,
de mil primaveras, caerán con ellas.
Pero… aunque el tiempo duerma por siempre tus días
y alguna mañana destruya tus cosas,
aunque un día no existas, seguirás viviendo en tantos recuerdos,
que nunca habrá un tiempo para que te olvide.
Mi viejo colegio...
si el regreso es río que surca la vida,
navegando el tiempo de dulces recuerdos
volveré algún día...

"LOS KENNEDY" POR YAMANDU RODRIGUEZ - PARTE II



EL CENTAURO

  Roberto es jinete famoso. Alto, fino, cimbreante, con algo de lanza y un brillo de cuenta india en los ojos obscuros. Tiene estampa de caballero andante. Su fama inspira a los payadores. Al verle jinetear quedan de boca abierta las guitarras.

  Muchas veces se sienta en la maroma del corral, espera la salida de un potro crudo, salta en “pelos” se afirma en las rodajas y tiene que agacharse para no tocar el sol. Solo pide campo y bagual; así luchan el vigor de un potro y el vigor de un Kennedy.

  Hay fiesta en el pago. Los justadores hacen prodigios con lazos, boleadoras y nazarenas. El número sensacional está a cargo de Don Roberto Kennedy. Tres peones tienen un “reservao”. Es el caballo de “mandinga”. Bachiller en corcovos. Astuto como indio y violento como un terremoto. Sus mentas de indomable igualan a las del domador. Nadie ha podido con él.

  El Centauro va a probar ése “cimarrón”. Se hace silencio.
  - “Cuánto bolee la pierna nomás” – dice a los peones – lárguenlo.

  No quiere estribar, ni necesita. Cuando él jinetea, los estribos juegan libremente, chocan sobre la “cruz”; le aplauden.

  Ya está “horqueteao”. Clavan los dos “abrojos” en las paletas. Crujen los corvejones y empieza el duelo. No hay en los dos, tendón que no tiemble. Los esculpe el esfuerzo. Aquel bellaco tiene al diablo en los ojos enrojecidos, un rezongo de perro en las narices y resortes de felino en las patas. Trata de morder al jinete; fracasa; y se muerde le pecho. Abanica el aire. Ahora es un ovillo. Enseguida levanta la cabeza, llameante: desafía al enemigo. Ve caer el rebenque; esquiva, dispara: si Roberto le toca en el freno, se vuelca. Cuando Kennedy levante el brazo para castigarle en la paleta, gira, se acuesta, culebrea y el rebencazo castiga los yuyos. Busca y encuentra “desabridos” nuevos. Tira dentelladas a las rodajas, se desangra y no cede.

  Desde la cresta de esas marejadas, Kennedy le conversa. Le anima. Le suplica que no se acobarde. Hasta afloja un tanto los muslos para que resuelle. El “reservao” responde hundiendo la cabeza entre las manos duras. Se clava. Parece mascar el campo. Enseguida se tiende a disparar. Torna a convertirse en piedra y rebota. . . rebota. . .

  De pronto se yergue, rampante, vertical, va a volcarse. No puede “basurear” pero puede aplastar al jinete. Al ver que la muerte se le echa encima, ese hombre aflojará las piernas. Es el momento: en lugar de caer, el potro salta y con un pantallazo aventa al jinete. Más Kennedy tiene algo de potro también. Formaba parte del noble del centauro. Prefiere morir, a caer. Además, presume la treta; en vez de aflojar, hunde las espuelas. Sus muslos se cierran. Asfixian al bruto. . .y continúan peleando.

  Ahora va horquetado en el costillar. Luego, en las cruces. La bestia ondula, se arrastra, quiere limpiar en los pastos al enemigo. El pantalón blanco de Kennedy está manchado de sangre desde la entre pierna a las rodillas.

  Después la tormenta decrece. . . la sierra se hace loma. . .el domador empieza y el “reservao” se acaba. Suda sangre. Tiembla.

  Roberto está desilusionado, tenía grandes esperanzas con ese arisco. Hace tiempo que busca ansiosamente un bellaco de ley. Necesita probarse; saber si donde cae muerto de fatiga un bagual aún cae parado como un Kennedy.

  No oye los aplausos de los circunstantes. Se apea del “reservao”. Lo mira con lástima y pregunta:

  -“¿Quién ha dicho que sos potro?”

  De los tres hermanos Kennedy, Roberto es el que tiene aspecto de más criollo: un cacique vigilante, paseando su mirada de águila sobre el Paraná.

  Usa chambergos aludos. Lleva el ala de mosquetero sujeta con el alfiler del viento. Tiene en la cintura elasticidad de rama joven. El pulso firme. Sereno el corazón.

  Y a flor de labio, en todo momento una agudeza criolla.

(Continuará)

martes, 31 de agosto de 2010

"LOS KENNEDY" POR YAMANDU RODRIGUEZ-PARTE I

LOS KENNEDY

La gesta radical de La Paz, Entre Ríos

LOS KENNEDY

La gesta radical de La Paz, Entre Ríos

  En este libro refiero la verdad, tal como la oí de labios de los austeros protagonistas.
  Los admirables episodios de la epopeya ocurrieron como los describo y me limité a transcribir los diálogos. Fuera de la profunda admiración que siento por los Señores Kennedy y por su patria, no he puesto en este libro nada mío.
  Son glorias argentinas. Tuve el honor de contarlas. Lo hice a todo entusiasmo en homenaje al gran pueblo de Alberdi, por el bien que le debo y por el respeto cariñoso que me inspiró.
  Lamento que las circunstancias, de todos conocidas, nos hayan impedido entregar a la admiración de los argentinos, los nombres y los altos hechos de todos los revolucionarios de “La Paz”. Esa misma razón es la que me obliga a silenciar los nombres de las personas que tendieron a los hermanos Kennedy en peligro, su mano amiga, símbolo de la hidalguía, de generosa amistad y de sacrificio.

                                                           Yamandú Rodríguez
                                                            Diciembre de 1934

  Un día Bernardo de Quirós ve surgir del Paraná a Mario Kennedy y estudia a lápiz, la gracia firme de ese modelo.
  Llevan el corazón cómodo en la campana del pecho bronceado a sol. Sus tórax los bate el pampero, cuando le atropellan en sus caballos de “confianza”. Esas piernas de acero, se modelan ahogando baguales. Hacen a “bola” y “sobeo” sus bíceps.
  Levantan la “armada” de sol a sol para “guampiar” en fija, siempre. Incansables, “lujosos”, gauchos. Trabajan como peones. Se lucen. Se hacen. Día tras día llegan al límite de sus fuerzas y cuando le alcanzan y van a caer, piensan en el duro abuelo Cárdenas y dan un paso más. Por eso, a boca de noche los Kennedy se gastan todavía: “Piden puerta”. El corral les entrega novillos encrespados, con humo en los cuadriles.
  Dispara el vacuno. Un Kennedy revolea, tira. La “armada” se cierra silbando en las pezuñas. El animal cae de rodillas, pide perdón, hace ovillo y chicotea con el lomo. . .
  - ¡Valió trago!
  Se recalientan los lazos. Llega la noche. Y los Kennedy se gastan aún.
  ¿Qué les mueve a prueba tan porfiada? ¿Por qué luchan así contra todo hasta domarlo? Para adquirir nombradía de camperos. Esos creen ellos y cuantos admiran su criollismo. Hoy sabemos que obedecían al genio de las ciudades y los campos. Que esos tres varones fueron elegidos. Iban a caminar en la tormenta.
  - Háganse fuertes como de bronce, - les dijo – ustedes un día, salvarán el honor de la democracia.
  Y cuando llegó la hora, los tres hermanos pusieron ese honor en la custodia de sus corazones y lo llevaron a través del fuego y el agua y la muerte; “a pesar de los Dioses”. Para eso tenían de hierro las piernas y el brazo y el alma. Con él cruzaron los ríos, en alto el mensaje. A pulso los sostuvieron durante muchas noches hasta llegar a la orilla y aún más allá! . . .


SUS MAESTROS

  Eran Niños. – Regresaban de sus colegios de Buenos Aires o Paraná. En el puerto les esperaba el coche de la estancia.
  Los tres escolares llegan, se santiguan y zambullen en el flechillal de sus campos. Atrás quedan sus capullos de seda. Salen con alas de ponchos. En el balance de un arisco la tierra reconoce a sus gurises y les prende en los talones dos rodajas de margaritas.
  Uno se dirige a la chacra. Unce los bueyes, se pone a ritmo y empieza a trazar surcos: palotes de la cartilla criolla.
  Otro escolar ensilla un caballo “maestro” y sale a pechar reses en los “apartes”.
  Al mayor, por más aplicado, le espera el premio: un potro. El bruto ya tiene dos indios prendidos de sus orejas como caravanas. Un ruedo de criollos emocionados admira al niño de vincha, rebenque y nazarenas.
  Entonces, Don Carlos Duval Kennedy dice al retoño:
  - Monte. Y cuidado con caerse, no!
  Se cierran dos espuelas. Gruñe un arisco. Y allá van. . .entre polvo, alaridos y rebencazos. Si el bagual cae, el niño tiene permiso paterno para caer; pero “parao”.
  Así se van haciendo de a caballo los Kennedy.
  Después de domar a los baguales, se doman. Consiguen desdoblarse. Se colocan frente a la voluntad. La estudian. Miden fuerzas. Luchan con ella y le dictan su ley. Adquieren estoicismo de caciques. Llegan siempre a donde se proponen. Y se proponen cosas arduas siempre.
  Cierta vez Mario Kennedy con solo dos peones preparó quinientas cuadras de campo y las sembró de lino. Sus ayudantes trabajaban desde el amanecer hasta el tramonto. Disponían de un solo tractor, sin equipo de luz. A la oración. Mario ocupaba el tractor y sólo, a obscuras, con el alivio de la luna a veces y otras sin más candil que el de las estrellas trabajaba sin descanso, sin clemencia, rompiendo con dolor la tierra amada, sintiendo como propia la herida que abría surco a surco. . .
  ¿Quién les ayuda? Su religión de trabajo.
  Pero ¿por qué acomete tales empresas? Lo ignora.

  La tenacidad es virtud de todos ellos. El estoicismo también. Cuando sus carnaduras flaquean, el espíritu se las echa a hombros y sigue adelante. Durante la retirada por los montes, Eduardo Kennedy caminó muchas noches así.

(Continuará)

DE MI LIBRO "PINCELADAS"


LA BANDA Y EL SULKI DE LOS DOMINGOS


Después de haber cumplido (muy a pesar nuestro) con la misa,
la noche cargada de magia nos traía de la mano hasta la plaza.
Ropa limpia, bien peinados, y en el centro nos esperaba La Banda.
Allí, en nuestra imaginación nos veíamos tocando el tambor,
la corneta, todos los instrumentos, menos el bombo grande,
demasiado pesado para nuestras pequeñas manitos.
Recuerdo que uno de mis juegos preferidos era llegar al centro de la plaza saltando
en un pie sin pisar las baldosas rojas, alguien alguna vez me había dicho:
“... las rojas son del Diablo”.
De vez en cuando suspendíamos la fiesta, (para nosotros era una verdadera fiesta)
y nos íbamos a dar una vuelta en el sulki.
El sulki: un añejo y cansado carrito
tirado por un viejo pony. ¿Dónde habrán quedado el sulki y el pony?
¿Dónde las risas y los sueños que domingo tras domingo... cabalgaban en ellos?
Recuerdo, que mientras iba camino al sulki que tenía su parada frente a la casa parroquial,
mi padre me compraba un globo, un globo-conejo jugaba entre mis dedos
y parecía pedirme que lo eche a volar para correr entre las estrellas.
La idea siempre me gustó, largarlo que vuele, pero nunca lo hice,
es que domingo tras domingo, me costaba unas buenas lágrimas
y la complicidad de la sonrisa vendedora de “Tamalito”.
Después de dar unas vueltas, de saludar a todos los conocidos volvíamos al centro de la plaza. Allí, con el palo mayor de sueños en nuestras manos, encabezábamos el desfile final.
Tres cuadras saltando, bailando y al llegar a la esquina de Echagüe y Urquiza
le decíamos: “Chau Bandita... hasta el domingo que viene”,
Después, si era verano, el infaltable helado en lo de “Bamby”
nos endulzaba la noche.
Luego, lentamente, rumbo a casa, como queriendo alargar
las perezosas calles de mi pueblo.
Es que ya sabíamos lo que nos esperaba al llegar: el cuaderno, el lápiz, el libro,
esos números y letras que habían quedado durante todo el fin de semana
sepultados en el cajón del olvido. Venía el lunes, y esa palabra era sinónimo de escuela.
Otra semana de guardapolvo y cuadernos, de sumas y restas,  y también
de las infaltables monedas en el bolsillo para los bollitos del recreo.
Ay! lunes, ¡cuánto te odiábamos!.

“De  pronto  la  mañana  tiene  alas.
Se  salpican  las  calles  de  palomas.
El  aire  se  estremece  de  campanas,
con  cierto  resquemor  el  sol  asoma.

Va un  marzo  deshaciendo  sus  valijas,
desgranando  sus  sumas  y  sus  restas,
y  juega  entre  los  mapas  y  las  tizas
esa  tabla  del  seis  que  tanto  cuesta.

La  vieja  campanita  se  ha  encontrado
con  su  antiguo  tañir  desafinado.
Viene  un  marzo  apurando  las  veredas…

Es  tiempo  del  asombro  y  el  reencuentro
y  en  el  mástil,  consagrando  ese  momento,
sacude  sus  arrugas…  la  bandera.

lunes, 30 de agosto de 2010

LA PAZ: UN GRAN MUSEO DE BELLAS ARTES

Con el comienzo del espectacular evento "Galas del río", toda nuestra ciudad se convirtió en un gran Museo de Bellas Artes: Vidrieras de locales céntricos, el local de Venta de Automotores cedido gentilmente por el amigo Yoyi Geminiani y el Museo de Bellas Artes Municipal, se colmaron de bellísimas obras de artistas paceños e invitados.

DE MI LIBRO INTERACTIVO "DE ALAS Y TRINOS"

EL HORNERO
Foto: Ramón Casares
 

Retacitos de sol en el poniente.
La lluvia sus gotitas ha plegado.
Y ahí anda “Juan Hornero”, diligente,
queriendo terminar su rancho alado.

Trajecito marrón y desteñido,
se acerca con su andar ceremonioso,
mi gaucho pajarito, tan donoso,
que dulce devoción pone en su nido.

Y en el arroyo un cielo que refleja
el incansable andar de la pareja
propietaria de sana algarabía,

son símbolos de un cielo campesino
y sueño para el pueblo ese destino:
amor, trabajo y canto en armonía.


 El Hornero  es el ave nacional de la República Argentina.
Se lo suele llamar también: Casero, Juan Alonso, alonsito, albañil.
 DESCRIPCIÓN: Mide18 cm. 
Cabeza de color pardo castaño; cola y alas pardas rojizas, lomo pardo rojizo
más apagado; garganta blancuzca; pecho y vientre acanelados claros;
patas oscuras grisáceas; al volar se le ve una banda canela en las alas.

COMPORTAMIENTO: Anda en el suelo, con un caminar lento y elegante.
Canta sobre los árboles a dúo con su pareja y ambos agitan las alas.
Muy confiado, se acerca mucho al hombre y a sus viviendas.

HÁBITAT: Vive en ambientes muy variados,
desde campos abiertos, montes, parques y jardines hasta zonas rurales,
pueblos o grandes ciudades.
Tuvo una perfecta adaptación a la vida junto al hombre.
No se encuentra esta especie en zonas selváticas.
 

ALIMENTACIÓN: Se basa principalmente en insectos y otros invertebrados,
sus larvas y huevos, que captura con el pico en el suelo, entre los pastos
 y detrás de las hojas, durante sus largas y tranquilas recorridas.

NIDO: Su conocido nido tiene forma de hornito de barro.
Demora entre 7 a 15 días en construirlo, según la disponibilidad
y la distancia a la que se encuentre el barro.
Ambos padres se ocupan de la construcción.
Generalmente mezclan pajitas para darle más consistencia a la estructura.
Posee una entrada lateral con un pasillo corto que termina en la cámara
de cría a la que acondicionan con pastos secos,
cerdas y otros materiales suaves.
La hembra pone 3 ó 4 huevos blancos.
En ocasiones es parasitado por el tordo renegrido; se puede ver,
incluso ya fuera del nido, a los horneros alimentar a los pichones de tordos.
Los nidos de horneros duran varios años, y son utilizados por otras aves
para nidificar, como también de refugio de otros animales silvestres.


DE MI LIBRO INTERACTIVO "DE ALAS Y TRINOS"

EL MARTÍN PESCADOR

Foto: Claudio Molfino


Admiraba de aquel “Martín" su arrojo,
insistía a pesar de su desvelo,
colgaba del ceibo un crespón rojo
y aquel vuelo fugaz cortaba el cielo.

Su pico...,  una y otra vez hería
aquel espejo manso y cristalino,
lo veía arrojarse... y presentía
del pobre pececillo... su destino.

Oh!, “Martín pescador": el centinela,
su vuelo a ras del agua es una vela,
lleva gotas de plata en el plumaje.

Gemía el sol cayendo en el poniente
y él estaba en el árbol... imponente,
fundiendo su color en el follaje...

 
El “Martín pescador grande”
es llamado también: Matraca, pensamiento, pescador.

 DESCRIPCIÓN: Mide 36 cm. 

El más grande de los martines pescadores.
Coloración general gris celeste, con copete; collar blanco; pecho y vientre
rojos ladrillo; cola oscura; al volar, debajo de las alas blanco con las puntas
de las plumas negras; notable pico fuerte y negro.
Hembra: similar, con faja en el pecho gris celeste y al volar la parte interna
de las alas con rojo ladrillo, blanco y negro.

COMPORTAMIENTO: Solitario o en pareja.
Se para en ramas, postes o cables de luz,
buscando lugares visibles, sobre el agua o muy cerca de ella.
Más bien arisco, vuela alrededor del mismo lugar a cierta altura del agua.
Su voz es un fuerte ke, kekeke, que emite cuando está alarmado.

HÁBITAT: Todo tipo de ambientes acuáticos como ríos, arroyos, lagos y lagunas,
 en las barrancas sobre las costas o sus alrededores.


ALIMENTACIÓN: Sobre todo peces, en menor medida crustáceos.
Se arroja al agua desde lo alto del sitio en que se halla asentado
para capturar la presa.
Luego de zambullirse sale del agua y vuelve al mismo lugar,
mata al pescado golpeándolo contra la rama o el poste que se encuentra
posado y lo engulle entero.

NIDO: Excava túneles en las barrancas altas, a menudo sobre el agua.
 La entrada tiene unos 10 cm. de diámetro y el largo
puede alcanzar los 2, 5 m.
En el extremo del túnel ensancha la cavidad o cámara de cría
y pone 3 a 5 huevos blancos y redondos directamente sobre la tierra.
Los incuban macho y hembra durante unos 25 días.
Los pichones son alimentados por ambos padres por unos 37 días. 

 

DE MI LIBRO "ESTAMPAS DE LUZ"


EL ARROYITO


      Siempre quisimos saber donde nacía. Allí nomás -decía el viejo y amado abuelo-, pero nunca pudimos encontrar su naciente. Nos encaminábamos porfiados trepando barrancas, cruzando sendas, cortando chilcas y cuando creíamos descubrir su origen sentíamos detrás de una pared de sauces correr el agua viniendo de lejos.

     En ese tiempo era un agua limpia, buena, turbada de vez en cuando por el sacudón que algún pez le daba. El arroyito dividía al pueblo en dos. Cuentan que en tiempos remotos fue testigo de luchas fratricidas y que sirvió de escudo aguado cuando el pueblo se trasladó hacia el oeste; pero para nosotros, gurises de monte y cielo, era el amigo que en siestas calurosas nos acogía con su playa frescura.

     Remontábamos su curso hacia el noreste y después, lo acompañábamos en su andar. A veces vivaz, entusiasta, sobre todo después de una gran lluvia; en otras, desfalleciente, cansado, tambaleante como un animal herido.

     Algunas veces, distraía su marcha deteniéndose en un breve remanso, y allí descubríamos en un cielo límpido y reflejado inescrutables imágenes y multicolores reflejos; pero enseguida, como si se despertara sobresaltado de algún mal sueño proseguía su andar hacia la boca de un río que lo llamaba.
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     Después, llegando al puerto, su cauce se enanchaba y el caudal de  sus aguas  claras  y  límpidas  era vencido por el marrón torrentoso de un Paraná impío. Nosotros llegábamos exhaustos y veíamos con tristeza como nuestro amigo era absorbido por la hambrienta garganta del río milenario.

     Entonces volvíamos nuestros pasos desandando el camino andado,  y recordábamos  las palabras del viejo y amado abuelo: -allí nomás nace-. Regresábamos a buscarlo y descubríamos cada siesta que nuestro amigo, el arroyito, (nunca supimos como), había logrado escapar de aquella gigantesca boca y allí estaba de nuevo discurriendo de prisa con el entusiasmo de siempre, corriendo y corriendo salpicando el alma con gotitas centelleantes.


Caminito de cardos y de espinas
aturdido de gritos y lamentos,
su larga cabellera el sauce inclina
mientras juega su sombra con el viento.

Presencia de gurises en bandada
y toda la ribera se ilumina,
el monte una sonrisa dibujada,
nuestro clamor le quiebra la rutina.

Arroyito… verano y mojarrero.
El duende de la siesta nos convoca
y nos tiñe la piel el manso enero.

Nuestro fresco fervor levanta vuelo,
una risa apurada se desboca
rasgando el terciopelo azul del cielo.