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domingo, 13 de septiembre de 2009

BIOGRAFIAS INDISPENSABLES PARA UN LAPACEÑO Y ENTRERRIANO



LINARES CARDOZO:


El profesor Rubén Martínez Solís, popularmente conocido como Linares Cardozo, nació en La Paz, el 29 de octubre de 1920 y falleció en Paraná, a los 75 años, el 16 de febrero de 1996.

En su ciudad natal cursó los estudios primarios y secundarios, que culminó en el Colegio Nacional Domingo Faustino Sarmiento. Se trasladó luego a Paraná, en cuyo Instituto del Profesorado Secundario obtuvo el título de Profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación.

Por entonces ya había comenzado a desarrollar las inquietudes que lo convertirían en figura señera de la cultura regional: la investigación folclórica, la música lugareña de raíz tradicional y la pintura. En todos esos aspectos se destacó notablemente.

Ejerció la docencia en Paraná y Santa Fe hasta su jubilación, dejando siempre en sus discípulos, profundas lecciones humanitarias y de amor a la libertad y a la tierra nativa.

Reconocía con frecuencia a su madre- docente y a la vez guitarrista- como la inspiradora de su vocación. Desde muy joven, Linares Cardozo alternaba con los peones de campo, los pescadores y las personas humildes de La Paz y sus alrededores, recogiendo vivencias que luego volcaría en sus creaciones musicales, poéticas y plásticas. De uno de esos paisanos- seguramente el que mayor atracción le despertó- tomó el nombre para usarlo en su desempeño artístico.

En cierto modo fue influenciado por Atahualpa Yupanqui, a quien seguía con un interés no exento de admiración. Entonces entendió que Entre Ríos atesoraba un riquísimo material para desarrollar en su ámbito una obra similar a la que estaba realizando Yupanqui en otras regiones.

Su investigación de ritmos, melodías y coplas populares, recogidas en los rincones más apartados del territorio provincial, en los montes y las islas, fue el sustento de su cancionero, al que añadió una fecunda creación intelectual. Expresándose en ritmos de chamarrita, chamamé, valseado, milonga, estilo, rasguido doble, vals, carancho cupé, tanguito montielero, chacarera estirada o canción entrerriana, surgieron así: "Canción de cuna costera", "Peoncito de estancia", "Coplas felicianeras", "Soy entrerriano", "Como los pájaros", "La biznaguita", "La cambuiré", "Islerito", "Canción de la ocarina dormida", "El alzao", "Cururú tajamarero", "Chacarera de río seco", "La consigna del Supremo", "Silbidos de un entrerriano", "Costeando el tajamar", "Chamarrita del Chupín", "Chamarrita de la encierra" y cientos de títulos que continúan recorriendo la geografía musical del país.

Paralelamente, realizó una obra pictórica que se distinguió por su sencillez y luminosidad, nutrida en el paisaje, el río y la gente de la costa.

De manera especial en sus últimos años acrecentó su tarea en el dibujo y la pintura, dejándonos valiosas tintas, acuarelas y óleos que muestran su profunda sensibilidad.

Un libro de poemas, "El caballo pintado y la paloma" (por su arroyo Cabayú Cuatiá, de la ciudad de La Paz) y otro de memorias e ideas, "Júbilo de esperanza", sintetizan su vasta creación literaria, de la que gran parte permanece inédita.

Los restos de Linares Cardozo descansan en el cementerio de La Paz, a la sombra de un timbó con vista al río en el terreno que él mismo eligió para su morada definitiva.

A su lado descansan quienes en vida fueron grandes amigos del maestro: “Pocho” Calleja: amigo de la infancia, compañero de serenatas, Ramón Santich: musiquero popular de La Paz y Narciso Cena: pintor, hombre de la cultura. Los tres fueron grandes amigos de Don Linares Cardozo.

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